Habrá quien me recuerde con cariño…

y habrá quien me recuerde con rencor.

Y está bien.

No todos miraron mi alma con los mismos ojos,

no todos me quisieron con la misma intención,

ni todos merecieron lo mejor de mí.

Cada quien despertó en mí

el reflejo exacto de lo que sembró,

y eso no es crueldad:

es justicia emocional.

Nunca fui igual para todos,

porque no todos llegaron igual.

No soy un altar para venerar,

ni una máquina para aguantarlo todo.

Soy una mujer real,

con días de luz y noches sin luna,

con temporadas fértiles

y otras en las que me caí a pedazos.

Soy humana, no un milagro.

Y en mi humanidad, aprendí a elegir.

Con quienes llegaron con amor, florecí.

Fui refugio, ternura, calma, horizonte.

A quienes llegaron con verdades,

les di verdad multiplicada.

A quienes llegaron con cuidado,

les abrí la puerta del alma sin miedo.

Pero a quienes llegaron con doble intención,

fui distancia.

A quienes llegaron con mentiras,

fui límite.

A quienes llegaron a usarme,

fui pared.

Y a quienes quisieron herirme,

fui fuerza.

No, no me arrepiento.

A esta altura de mi vida,

lo único que me pesa es lo que callé,

no lo que defendí.

He dejado de pedir perdón por protegerme,

porque descubrí que quien se molesta

por mis límites

es quien se beneficiaba de que no los tuviera.

Ya no cargo culpas que no me pertenecen,

ni desgasto mi energía intentando que todos

hablen bien de mí.

No vine a este mundo a ser perfecta,

vine a ser sincera,

aunque eso incomode, aunque eso duela.

La memoria de cada uno es suya.

Si alguien me recuerda con cariño,

agradezco haber coincidido.

Si alguien me recuerda con rencor,

que mire su parte,

porque lo que recibió de mí

fue exactamente lo que provocó.

Porque así soy:

ni santa, ni villana,

ni estatua de paciencia infinita.

Soy una mujer hecha de historias,

de heridas que cicatrizaron torcidas,

de sueños que siguen vivos,

de coraje aprendido a golpes.

Y cuando mis pasos ya no suenen en su vida,

quiero que al menos quede claro:

una mujer libre no es para cualquiera.

Solo para quienes saben mirar con el alma,

y no con el ego.

Para quienes no temen al amor auténtico,

ni a la verdad que lo sostiene.

Soy así.

Y así me quedo:

completa, honesta, y en paz conmigo.

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